Se nos fue el tío manolo

Me llega el mensaje, un whatsapp, estando en Nueva York,  “Se nos fue el tío Manolo”. Pam, y ya está, otra de las limitadas fuentes de cariño que uno tiene en la vida, apagada para siempre.  Parece que a partir cumplir ciertos años el balance empieza a resultarme negativo y no hay mucho que pueda hacer para aumentar el círculo de los que quiero de verdad. Y que me quieran, sin concesiones, aún resulta más extraño.

Leo el whatsapp y pienso en lo que diría el tío Manolo, con sus 92 años y ese escepticismo sensato ante todo lo virtual. “Vamos a ver Miguel, esto de internet me parece muy bien, pero tendrá que sustentarse en algo, no?. Tiene que haber detrás computadoras con sus sensores, transistores, condensadores y circuitos electrónicos. Y luego redes de comunicación que transporten todo. Tú, ¿que sabes de transistores?”

Y yo me reiría una vez más, y le diría, “tío Manolo, que yo no sé nada, que aquí construimos sobre lo que hayan hecho otros, usamos librerías, frameworks, ahora es todo más fácil. Lo que importa es llevar las ideas al mercado”.

Pero para el tío Manolo nunca fue fácil. Gran ejemplo de hombre de ciencia renacentista, el tenía que controlarlo todo. Entender el universo, con cada una de sus piezas. Desmontar decenas de televisores como hobby, acumular libros de materias inverosímiles. Esa infinita erudición le llevaba, orgulloso y errado, a proyectar sus capacidades en mi.

El pobre estaba convencido de que un Ingeniero de Caminos validado por el Ministerio de Educación tenía que tener algo útil dentro de su mollera. “Miguel, tu te acuerdas de como se hace la transformada de Laplace, no?. “ yo asentía para no disgustarlo, un tanto avergonzado. Y entonces ligaba sus conocimientos de química con carreteras, física, televisores o marina mercante. Como un todo de saber universal interconectado. Quizá el fue el precursor de la wikipedia, sin saberlo.

Si el tío Manolo hubiera nacido en California, hoy tendría más de 1000 patentes, sería millonario y reconocido mundialmente. Igual HP, sería HPC, Hewlett Packard y Carrio. Pero en la España que el vivió, con guerras, posguerras, envidias, jetas y muchísimo trabajo, su legado es una decencia a prueba de bombas. Haber cumplido con todos, incluso los que no se lo merecían y haber enseñado a tantos (yo humildemente me siento honradísimo de haber escuchado muy atentamente sus consejos), sin más pretensiones que hacer lo correcto, y bien hecho.

Recuerdo ahora su preocupación por mi falta de conocimientos informáticos cuando gestionaba el equipo técnico en Imaste, y cómo me animaba a aprender informática, aunque de hecho, decía “deberías empezar por los circuitos integrados (siempre por la base!)”.

Por él me compré varios libros de Java para dummies, que duermen olvidadso en mis cajones. Y nunca dejé de darle la razón.

Luego, le preocupó aún más que tuviera jefes americanos, que el asimilaba con aquellos soberbios e intransigentes alemanes que pasaban por ENSIDESA, queriendo saberlo todo pero buscando su consejo, después de todo.

Yo le tranquilizaba, y le decía que después de la integración con ON24 me jubilaría. Eso lo escandalizaba, a alguien que trabajó desde los 14 años y se jubiló a los 92, le parecía impensable. “Tu tienes que hacer un doctorado, y estudiar Miguel, déjate de esos negocios improbables, que son muy peligrosos”.

Y entonces, aún me dio tiempo a contarle que me había metido en nuevos fregados, en Vizzuality, para hacer mapas online con ingenieros inteligentísimos. Y el, ya muy pachucho, y algo preocupado, me decía, “pero ay dios mío, Miguelín, ¿tú, qué sabes de mapas?. Tienes que estudiar ya mismo Cartografía, y análisis de datos y más matemáticas…”

Y sé que lo debería hacer tío Manolo, si tuviera tus narices, y tus infinitas ganas…

De mayor, yo quiero ser como D. Juan Manuel Fernández Carrio, mi tío Manolo. DEP.

P.s.- Alguien con mucho más conocimiento de causa, ha descrito a este gran personaje con mucho más tino, aquí.