Los inmortales

Cuenta Borges, en su fabuloso cuento “El Inmortal“, como la inmortalidad puede llegar a convertirse en una condena. La muerte es el juez que da sentido a cada acto ante la posibilidad de que pueda ser el último; en cambio, la inmortalidad se lo arrebata.

Sabía [la república de hombres inmortales] que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. […] Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.

En el cuento de Borges, los inmortales, desesperados y decididos a salir de su situación se dispersan por la faz de la tierra para encontrar ese otro río (que por fuerza debe de existir en alguna parte) que “borraría” su inmortalidad y les permitiría volver a sufrir, sentir, amar.

En el mundo de las startups, sospecho que también tenemos nuestros propios inmortales. Aquellos Venture Capitalists que manejan fondos gigantescos de varios “billions” y llevan muchos años en el ajo.

Han visto ya de todo, todo tipo de startups, de fundadores disfuncionales, equipos de todo pelaje, tecnologías innovadoras y copycats de campeonato. Y también han visto un rango infinito de evoluciones, desde aquellas que van como un tiro desde el primer minuto, a las que pasan por “deserts of sorrow” que se hacen mucha bola y parecen no terminar nunca, han vivido bancarrotas, IPOs, ventas por 1$ o exits con 10x y descorche de champán, del caro.

Y claro, una vez que lo has vivido todo, y que encima tienes todavía 1000 millones de dólares por invertir en los próximos 5 o 10 años, entonces te conviertes en un Inmortal de los de Borges, de tomo y lomo. Y así, es imposible que puedas sentir nada. Cuando un fundador les llame desesperado porque ha perdido un gran contrato, una pelea interna se ha desmadrado o la caja se aligera, responderán “eso lo hemos visto antes” (no sé por qué, pero los inmortales siempre hablan en plural, conscientes quizá de formar parte de una élite inalcanzable) y permanecerán impasibles al desaliento.

En muchos casos, es muy útil contar con el consejo de un VC inmortal, porque puede ver las situaciones desde la distancia y aplicar su vastísima experiencia y conexiones, pero no olvidemos que las startups son animales muy frágiles, y los emprendedores son optimistas enfermizos con algún tipo de desorden psicológico (porque si no, para qué te metes Manolete).

A veces también se agradece que tu interlocutor entienda tus miserias, aunque estén tan debajo de sus intereses, y se preocupen en el plano humano por cómo va la vida, ese estrés que no te deja pegar ojo, los miedos y las preocupaciones porque tu startup, la única que tienes, esa a la que le dedicas todo tu esfuerzo y tu alma, pueda estar en peligro. Aunque “lo hayan visto ya muchas veces”.

Y estoy seguro de que en el fondo, como en el cuento, desde sus mansiones en Gstaad o Los Hamptons y sus oficinas de Sand Hill Road, los inversores inmortales buscan desesperadamente ese otro río, para volver a sentir el entusiasmo de crear un proyecto suyo, con unas pizzas baratas en el microondas.

Y todas las ganas del mundo.