Cerrando etapas

Más de 4.000 días de montaña rusa emocional dan para muchas, muchísimas anécdotas, éxitos y fracasos.

Parece que fue hace un suspiro que Aitor me convenció para dejar de calcular e inspeccionar puentes, y “volver a vivir como cuando estábamos en la Universidad”. Le valía más haberme contado que emprender es “vivir unos años como nadie quiere, para después, con suerte, vivir como nadie puede”. Pero seguramente entonces no habría dejado la seguridad de mi carrera de ingeniero de caminos en Dragados :).

miguel arias imaste
Imaste early days

Han pasado 11 años, varios “pivots” sin red, que aunque hoy puedan verse como una inteligente estrategia emergente, los que estábamos allí sabemos que son el resultado de una valiente ignorancia. Pasamos por las fiestas míticas para erasmus suecas, las aplicaciones de gestión de prácticas universitarias, los foros de empleo, las ferias virtuales, y mil ideas tan sensatas como descabelladas.

Al final, todo se reduce a rodearse de un equipo de gente con la que te apetezca realizar el viaje, más de 100 personas nos empujaron durante estos años y crearon, donde no había nada. No puedo agradecerles lo bastante su esfuerzo y motivación.

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Después de todo esto, y más, llegó la venta de la empresa, la negociación interminable, la firma y después de tanto y todo, la integración con los americanos de ON24 estos últimos 2 años. Sé que Julio está esperando un post concreto sobre ese tema, y puede que un día comparta mis experiencias en petit comité. ;).

Pero ahora toca resetear la configuración mental, que no borrar el disco duro de aprendizajes y procesos. Queda un denso poso de experiencias, que se va sedimentando estos meses, de roles de lo que quiero o no imitar.

Imaste on24
El CEO de ON24 con el equipo

¿Y después qué?, tocaba pensar en el futuro y los últimos meses, mientras iba cerrando compromisos y obligaciones me he ido reuniendo con gente que respeto y admiro. He recibido consejos de todo tipo, desde tomarme un año sabático a las propuestas concretas para volver a empezar, así, sobre la marcha.

Mi mayor temor es perderme la siguiente gran oportunidad, el tren de la siguiente “big thing”, y ese FOMO, esa ansiedad por la perfección y reconocimiento han sido mi motor y lastre durante toda mi vida. Siempre más, y más.

Pero una gran amiga y emprendedora me dio un enorme consejo: “poder disfrutar de este tiempo, aquí y ahora, con los tuyos, es algo que muy poca gente puede permitirse a tu edad. Y ese tren sí que no volverá más. Y ahora, deberíamos ir al retiro a dar pan a los patos”.

Así que he dedicado más tiempo a estar con mi familia y a intentar descubrir qué es lo que me hace feliz. Antes de descubrir eso, de aprender a relajarme un poco, no tiene sentido empezar otra cosa, para estar otros 5-10 años al 200%, sin saber por qué o para qué.

Y he encontrado un mentor, casi asesor espiritual, para iniciar el camino de encontrar aquello que me da paz, respirar y sentir el privilegio de estar vivo, aquí y ahora. Para sonreír más, a todo el mundo, aunque no tengas ganas. Recuperar las sensaciones que me hacen sentir bien: una conversación tranquila, jugar con mis hijas, hacer deporte, el monte, leer o escribir de nuevo.

Me he liberado de tanto peso, que incluso me he dejado el apéndice en el camino.

Y también es importante celebrar lo conseguido hasta ahora, como un alto en un camino que seguro que traerá grandes cosas en el futuro, aunque quizá no parezcan tan grandes desde fuera.

Así que ha llegado el día en que he terminado definitivamente con todos los hitos y obligaciones profesionales de mi vida pasada, ON24IMASTEMultivent…, y aún no sé cual será el siguiente paso.

Pero no importa.

El siguiente paso empezará con un café, leyendo el periódico despacio, un paseo con la familia por el monte, una charla con un emprendedor ilusionado, un mapa mental con planes absurdos, más de un beso.

Y en ese proceso, sin proponerlo, llegarán los retos, estoy preparado.

A morte devagar

Una lectura interesante, una poesía de Martha Medeiros que puede ayudar a la reflexión veraniega. “Ya que no podemos evitar un final repentino, al menos evitemos una muerte en suaves prestaciones, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que, simplemente, respirar”:

A Morte Devagar

Morre lentamente quem não troca de idéias, não troca de discurso, evita as próprias contradições.

Morre lentamente quem vira escravo do hábito, repetindo todos os dias o mesmo trajeto e as mesmas compras no supermercado. Quem não troca de marca, não arrisca vestir uma cor nova, não dá papo para quem não conhece.

Morre lentamente quem evita uma paixão, quem prefere o preto no branco e os pingos nos is a um turbilhão de emoções indomáveis, justamente as que resgatam brilho nos olhos, sorrisos e soluços, coração aos tropeços, sentimentos.

Morre lentamente quem não vira a mesa quando está infeliz no trabalho, quem não arrisca o certo pelo incerto atrás de um sonho, quem não se permite, uma vez na vida, fugir dos conselhos sensatos.

Morre lentamente quem não viaja quem não lê quem não ouve música, quem não acha graça de si mesmo.

Morre lentamente quem destrói seu amor-próprio. Pode ser depressão, que é doença séria e requer ajuda profissional. Então fenece a cada dia quem não se deixa ajudar.

Morre lentamente quem não trabalha e quem não estuda, e na maioria das vezes isso não é opção e, sim, destino: então um governo omisso pode matar lentamente uma boa parcela da população.

Morre lentamente quem passa os dias queixando-se da má sorte ou da chuva incessante, desistindo de um projeto antes de iniciá-lo, não perguntando sobre um assunto que desconhece e não respondendo quando lhe indagam o que sabe.

Morre muita gente lentamente, e esta é a morte mais ingrata e traiçoeira, pois quando ela se aproxima de verdade, aí já estamos muito destreinados para percorrer o pouco tempo restante.

Que amanhã, portanto, demore muito para ser o nosso dia. Já que não podemos evitar um final repentino, que ao menos evitemos a morte em suaves prestações, lembrando sempre que estar vivo exige um esforço bem maior do que simplesmente respirar.