Montar una startup es el nuevo “voy a poner un bar”: director´s cut

poner un barMi tuit mañanero de domingo, despertó cierto interés en la parroquia y también opiniones encendidas y encontradas. Así que voy a explicar que quise decir (Arrola ya aportó argumentos muy válidos ayer) y por qué.

arrola tweetEstoy encantado con que haya más vocaciones emprendedoras y con la “moda” y boom del emprendimiento que estamos viviendo en España. Llevo años pidiendo que ocurra algo así, y actuando proactivamente para potenciarlo, así que sería de locos no disfrutarlo.

Si miro, tan sólo, 3 años atrás y pienso en las iniciativas de apoyo a emprendedores públicas o privadas, acceso a la financiación semilla, VCs capaces de financiar primeras o segundas rondas, mentores, redes de networking, panorama de exits… que había entonces y las que tenemos ahora, me parece que hemos recorrido un gran trecho en poco tiempo.

Y como sociedad fundamentalmente ciclotímica que somos, si hace poco ser emprendedor era el hobby de algunos idiotas, hoy es una actividad muy bien vista (gracias “La red Social”, gran película!) y muchas madres presumen de hijo startupero en reuniones familiares y comunitarias. Bravo!.

Así que voy, y tuiteo “Montar una startup es el nuevo voy a poner un bar“. ¿Qué pasa, voy de pesimista crónico?, ¿nada me satisface?.

Al contrario, simplemente alerto de que las modas, como tales, son pasajeras e irracionales, y tienen mucho peligro. Como ser emprendedor es lo que toca ahora, mucha gente se está lanzando a montar proyectos sin tener ni siqueira los conocimientos básicos. Y no me refiero a masters del universo, me refiero a proyectos web sin programadores ni diseñadores, gastando decenas de miles de euros en bienintencionados indonesios virtuales. A montar modelos de negocio que precisan de acertadas estrategias de marketing online o en la fidelización de usuarios free y su conversión en premium, sin saber nada ni de marketing, ni de online.

A negociar rondas de financiación sin saber lo que es un pacto de socios, una clausula de drag-along, una liquidación preferente, y después celebrarlo por todo lo alto.

Y a una profusión de vende-motos y charlatanes alrededor del ecosistema que hacen poco bien, cuando no dañan. Quizá esto sí que sea un circo, pero más que payasos, en la arena real hay leones que nos pueden comer hasta las entrañas.

En definitiva, replicamos el modelo del que pone un bar, simplemente porque siempre le ha gustado tomar tapas con amigos y una vez en paro, parece una actividad con bajas barreras de entrada. Y se gasta sus ahorros en remodelar a todo trapo un local en una calle por la que no pasa nadie, y no sabe calcular los costes de materias primas, ni tirar una cerveza y menos aún meterse en cocina y sacar adelante los fogones el día que el “cheff” se ha quedado en casa.

Y cierra a los tres meses, aún con menos dinero y escasas ilusiones…

Así que, del mismo modo que la mejor opción para el que va a poner ese bar sería trabajar al menos 1 año en alguno de los locales de referencia, para entender las dinámicas internas, las claves del éxito y conocer de primera mano los problemas que va a vivir después. Creo que una gran opción profesional para todos estos emprendedores wannabes, es que primero vayan a trabajar a alguna startup de referencia. Que se peguen a emprendedores que ya llevan unos años al pie del cañón y aprendan todo y de todo.

Que vean que es posible tener éxito, sí, pero con esfuerzo, suerte y mucha profesionalidad. Y con el bagaje que adquieran, después, monten su propio proyecto.

Pero claro, decir que tu hijo trabaja en una empresita de 5 empleados, sin apenas ingresos y nombre impronunciable, es mucho menos atractivo para mamá, que hablar de su hijo emprendedor, hipster e independiente. Aunque no haga la O con un canuto y esté pasando las mañanas en un starbucks tomando cafés carísimos y chupando wifi para leer tech-crunch o este blog.

Emprender, amigos, se emprende a golpes, y eso no es algo que deban dejar hacer a los niños sólos en sus casas. Que se pueden hacer daño…