6 Cosas que he aprendido de mi padre y 1 que aprendí yo solo

Me he dado cuenta de que escribo muchas veces sobre lo que me enseñan otras personas en este blog, pero nunca lo he hecho sobre la persona de la que más he aprendido durante toda mi vida.

Y como es el día del Padre, ya toca, y voy a escribir sobre lo que he aprendido y sigo aprendiendo de Angel Arias, mi padre. Teniendo en cuenta que mis regalos infantiles solían ser una mezcla de poesías de rima fácil, dibujos con dobles sentidos y esculturas inestables, creo que este homenaje es más que merecido.

No es fácil tener un padre que lo hace todo bien, con un ordenador cuántico por cerebro y una aproximación renacentista a las artes y las ciencias. Autor de varios libros de prosa y poesía, pintor prolífico, bloguero perseverante, ingeniero de minas y abogado, doctor en economía, pescador, cazador de fotos de pájaros, setero y filósofo. Mi padre es un leonardo da vinci entre siglos, entre lo analógico y digital, un exponente de estos tiempos poliedricos que tenemos el lujo y la angustia de vivir.

Su aprobación ha marcado la línea que define el éxito del fracaso en mi vida, más allá de hitos, premios o reconocimientos externos. Parece un cliché, pero cuando tienes un padre sobresaliente, tienes cierto miedo a decepcionarle, y casi me apetece mandarle este post para que me lo corrija antes de publicarlo, como hice tantas veces en el pasado, pero no es plan.

Así que vamos al lío, ¿qué es lo que he aprendido de mi padre?:

  1. La excelencia se alcanza con el esfuerzo y la práctica

Mi padre ha practicado la teoría de que necesitas 10.000 horas de práctica para ser experto en algo desde mucho antes de que se pusiera de moda. Ha dedicado su pasión irrefrenable y dedicación obsesiva a tareas tan diversas como aprender chino en el metro, estudiar la carrera entera de derecho en 3 años mientras trabajaba, o hacer moscas para pescar de decenas de plumas y colores.

En este mundo líquido que premia lo superficial y la ocurrencia fácil, me ayuda mucho imaginarme a mi padre en su despacho, rodeado de libros y papeles desordenados, enfrascado en una de sus aficiones, como si no hubiera nada más en el mundo. Y huele a pipa en esos recuerdos, aunque estuviera apagada.

2. La moral no se vende, ni se transforma

A medida que avanzas en una carrera profesional exitosa, he aprendido de mi padre que la vida te presenta bifurcaciones, recovecos y angostos pasajes por los que parece que el tránsito será más fácil si tomas un par de atajos.

Y no. Las lealtades, la justicia y la importancia de la moralidad en las decisiones, como un imperativo categórico que no depende de las circunstancias, sino de uno mismo, son una enseñanza que me sirve de compás, incluso cuando vienen mal dadas.

3. La importancia del apoyo incondicional

Nunca me importó demasiado suspender una prueba o fallar en algo (salvo la química de primero) porque mi baremo del éxito estaba asegurado por el apoyo de mi/s padre/s, siempre detrás de cualquier decisión que he tomado y de cualquier locura que se me ha ocurrido.

Incluso cuando dejé el trabajo en Geocisa, ni cuando tuve que pedirles, tímidamente, algunos euros de paga, a mis ventitantos, para sacar a mi novia a tomar un refresco al quedarme sin blanca, tras estar dos años sin salario en mi primera startup.

Ahora me preocupa cómo transmitir a mis hijas el mismo apoyo incondicional, para que sean quien quieran ser, para que sepan que es importante seguir tus pasiones y que no pasa nada por arriesgar y equivocarse, sobre todo cuando eres joven, aunque pueda parecerle que ya eres mayor a un niño .

4. Ponte siempre en los zapatos del otro

Y no me refiero a una simple técnica de negociación, para entender el BATNA de tus contrincantes más allá del tuyo, si no a una filosofía de vida. Darte el tiempo para escuchar los motivos de los demás y entender sus circunstancias, y poner sus intereses al mismo nivel que los propios, es algo que no es sencillo, pero que he visto hacer a mi padre en muchas facetas de su vida.

El riesgo es que en el proceso te pases de frenada y antepongas siempre las necesidades de los demás y su bienestar al tuyo, y también hay que quererse un poquito ;).

5. El dinero no es lo más importante

A mi padre nunca le han importado demasiado las posesiones físicas, mientras no le tires sus libros o papeles viejos a la basura. De hecho es un coleccionista de objetos imposibles, mezclando un leve síndrome de Diógenes con un hipsterismo un tanto cool.

Pero una vez que tienes suficiente para vivir sin preocupaciones financieras, (y eso es un big IF!), entonces lo importante está en tener un espacio de retiro donde encontrarte contigo y con otros, y si es en Asturias, mejor. Y evitar entrar en carreras de comparación de status, donde siempre encontrarás a otro más favorecido en las fotos del instagram.

6. Construye algo tuyo, estés donde estés.

No se puede decir que las aventuras emprendedoras de mi padre hayan sido muy exitosas, pero me han enseñado que es importante lanzarse a empujar iniciativas que te importan, sea dentro o fuera de una corporación. No basta con ser follower, seguir las ordenes y cumplir con tus KPIs religiosamente.

La vida suele colarse entre las rendijas de esos objetivos impuestos por otros, y si no se hubiera arriesgado mi padre, no estaríamos disfrutando cada Nochevieja de un estupendo Protos del 74 para acordarnos fallido del negocio de importación de vinos españoles a Alemania de los ochenta. O no tendríamos tan claro cómo no montar un restaurante y no podríamos decir con suficiencia que en la restauración la clave es LOCATION, LOCATION, LOCATION y tener muy controlado el escandallo.

1. Se parte de una tribu

Y esta lección no lo he aprendido de mi padre, porque él suele ir de lobo solitario. Desde su convencimiento firme de que la excelencia y meritocracia será reconocida por el mundo, como un rayo vengador.

Pero he podido entender, a fuego, lo importante que son las redes de pares de confianza, la tribu, la mafia, como quieras llamarlo. Que te acojan en las caídas con cosa suave y que te aúpen cuando te lanzas a conquistar la luna.

Rodeado del conocimiento colectivo, los contactos y la seguridad que te da tener compañeros de batallas, puedes afrontar con otro ánimo los retos de probar cosas nuevas y dejas de jugar con cartas marcadas. Lo entendimos así en Chamberí Valley y en general, me apasiona ver cómo el karma positivo siempre vuelve para darte un empujoncito hacia adelante, aunque sea de manos del todo inesperadas.

En fin, no sé cuanto de la personalidad de mi padre está en mí, ya que estoy seguro que la herencia genética no me ha proporcionado sus neuronas superlativas. Pero sé que estas seis cosas que me ha enseñado me acompañan y forman parte de aquello de lo que soy, aquello de lo que estoy más orgulloso.

Javier González Canga, gran amigo de añares de mi padre, nos dijo en una cena hace unos meses que siempre pensó que sus hijos estudiarían a Angel Arias en el Colegio. No ha sido así y no sé si mis hijas o nietas estudiarán a su abuelo en la escuela algún día, aunque seguro que lo harán en casa.

Pero dentro de 100 años, algún sociólogo que busque entender la loca realidad de nuestro mundo entre siglos, encontrará Alsocaire, su blog, con cientos y cientos de textos lúcidos, divertidos y afilados, se reirá con los comics de Linkweak, disfrutará de poesías y dibujos, y tendrá, de golpe. todas las respuestas.

Gracias, Papá.

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