Niño sano, niño enfermo

“Ay Miguelín, esta nena está muy tomadina, tienes que llevarla ya mismo para el hospital”

Con este tono cariñoso y cercano, pero certero en el diagnóstico profesional, supe que tenía que meter a Carlota, con sus dos años por cumplir, corriendo en el coche y llevármela a Urgencias de la Maternidad de O’Donnell, donde pasaría las siguientes semanas encadenando una bronquiolitis de libro con laringitis aguda.

Los padres (y más aún los primerizos) necesitamos un médico que nos EXPLIQUE las cosas, y cuando se trata de la salud de los hijos, nuestras sesudas ingenierías se disuelven como un azucarillo y nos volvemos analfabetos presos de ansiedad y fake news. Y además, como te pongas a mirar algo de información por internet, vas aviado, con imágenes de casos horrendos mezcladas con complejos informes donde apenas alcanzas a entender el resumen previo.

Yo tengo la suerte de tener una cuñada a la que abrasar con whatsapps y fotos borrosas de las niñas para que haga diagnósticos rápidos. Así que no debo estar muy arriba en el top ten de padres pesados que hayan fundido a Sara con peticiones urgentes en estos años, pero  tengo el privilegio de contar con su confianza fraguada en los años mozos y heredada de nuestros padres, así que he disfrutado sus consejos pediátricos y vitales cuando los he necesitado.

En Sara los extremos se tocan y ella da sentido a hacerse experta en Geriatría para después hacerse otro MIR, total…, y dedicarse a la Reumatología Pediátrica, su pasión. Es una convencida y practicante de nuestro “customer discovery” emprendedor, en su versión médica, basado en la escucha al paciente sobre todas las cosas.

Y estos años he disfrutado de esos artículos cercanos e ideales para relativizar un poco todo lo que nos rodea en Un fonendo en Villamocos. Ahora esa sabiduría y buen rollo se distribuyen para todo el mundo en 290 páginas, con su primer libro, “Niño Sano, Niño Enfermo, entiende la salud de tu hijo” que podéis encontrar aquí, cuando deje de estar agotado.  

No es un libro para leerlo de una sentada, ni siquiera para los lectores obsesivos como yo, si no para degustar a chupitos, a demanda, según creamos que lo necesitamos nosotros, más que nuestros vástagos.

Nosotros ya hemos pasado, con una nostalgia orgullosa, por gran parte de la mili y visicitudes por las que nos acompaña Sara en el libro, y mientras no saque la guía del perfecto preadolescente, creo que empiezo a estar fuera del target de Niño enfermo, niño sano,  pero éste es uno de esos libros que me hubiera gustado tener en la estantería, subrayada, con post its y con las páginas gastadas por su uso, durante todos estos años.

Y lo que está claro es que Villamocos no es un lugar, es una actitud.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *