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«Hay que acabar las cosas», lo que un carpintero austriaco enseña sobre construir empresas

agosto 31, 2026 por Miguel Arias Deja un comentario

meini spenger y miguel arias

meini spenger y miguel ariasConozco a Meinrad Spenger desde hace quince años, pero siempre a trozos. Un rato en un evento, una conversación de pasillo, un café con prisa. La semana pasada nos sentamos por fin con tiempo y grabamos casi una hora para Close & Personal.

Lo que salió no es la historia que él ha contado mil veces en prensa. Es la de aquí debaje.

Meini creció en Seckau, un pueblo de trece habitantes en los Alpes austriacos. Se formó como carpintero, conserva los diez dedos, dato relevante, y de ahí pasó a Derecho en Graz, a un MBA en el IE y a cinco años en McKinsey. Llegó a Madrid con un portátil comprado en un supermercado low cost, con los programas en alemán, y el primer día le pidieron un break even en Excel. No sabía qué era ninguna de las dos cosas.

En 2005, en un chiringuito de Cascais, tras algunas cervezas, decidió con Christian Nyborg, un noruego al que había conocido en el intercambio a Bocconi, más compañero de fiestas que de estudios, montar un operador móvil en España. Un austriaco y un noruego levantando una telco en un país donde no conocían a nadie. A los seis meses estaban en bancarrota. Veinte años después, Forbes le nombra Best CEO 2025.

Estas son las diez cosas que me llevo.

  1. El dinero de los amigos no es un riesgo relacional. A veces es el ancla.

Yo siempre había pensado lo contrario. Tengo un amigo inversor que no me dejó entrar en su fondo y tardé en entender que lo hacía por cariño. Meini lo ve al revés, y su argumento me desarmó: sin el dinero de esos amigos se habría vuelto a Austria. Su madre le llamaba una vez al mes para recordarle que el paro allí estaba al 3%. Lo que le mantuvo en Madrid no fue la visión. Fue no poder mirar a la cara a la gente que había puesto sus ahorros.

  1. La avaricia no es una virtud cuando estás levantando dinero.

A finales de 2007 tuvieron la oportunidad de ampliar el ticket con Northzone y dijeron no. Pensaron que la compañía valdría más con clientes. Llegó 2008. Se quedaron sin funding del business plan y de todas sus variaciones. Con perspectiva, Meini cree que aquello les enseñó eficiencia desde el primer día. También dice, sin adornos, que fue muy duro y nada divertido. La lección que da hoy: levanta un poco más de lo justo, porque el emprendedor es un optimista enfermizo y todo se retrasa.

  1. No inviertes en un fondo. Inviertes en un socio que puede irse.

Convencieron a Northzone. Carl Christian firmó y a los tres meses les dijo que se marchaba a Australia porque a su mujer le habían dado un trabajo. El siguiente partner llegó y les dijo, literalmente, que no entendía qué hacía allí: no invertían en telecos, no invertían en España, y si recuperaban la pasta le haría una estatua al lado de Munch en Oslo. Recuperaron la pasta con creces, pero la estatua sigue pendiente.

  1. Acabar las cosas es una competencia, no una obsesión de carpintero.

Un mueble no vale nada si no está terminado. Un software que no está en producción está hecho pero no sirve. Meini atribuye a los años de taller una orientación a resultados que ha arrastrado toda su carrera: cerrar, entregar, siguiente. En un mundo de MVPs eternos y roadmaps que nunca aterrizan, esto suena casi anticuado. Y es exactamente por eso que funciona.

  1. La suerte tiene superficie, y la superficie se puede ampliar.

No niega la suerte, la reclama. Dice que si multiplicas las probabilidades de todo lo que les tuvo que salir bien, el resultado se acerca a cero. Pero también cree que se puede influir en ella: sonreír más, ser más amable, hablar con más gente distinta, mostrar curiosidad. Ampliar tu área de exposición a la suerte. Sus dos primeras rondas salieron de personas que se fiaron de ellos cuando no había ni mapa. Somos humanos con sentimientos, dice, y confías más en quien te muestra el lado humano.

  1. El ego es el enemigo del feedback, y el CEO es el primer sospechoso.

Le pregunté si sabe si le mienten, como pregunto a todos mis invitados. Dijo que espera que no, y que quien lleva años con él se atreve con la verdad entera. Pero también reconoció algo incómodo: cuando alguien sube a una reunión con él por primera vez, hay gente acojonada, y no entiende del todo por qué. Su mujer le decía al principio que era muy egocéntrico, que necesitaba estar en el centro de todo. Dice que se le ha bajado. Y añade que necesitamos equipos que no tengan miedo de decir que las cosas no están bien.

Su momento de mayor orgullo en MasOrange no fue una cifra. Fue un ciberataque en el que nadie buscó culpables.

  1. Smart frugality no es cultura. Es medición.

Todo el mundo dice ser frugal. Muy pocos lo instrumentan. 

Y luego está la parte humana: no puedes controlar todo, los procedimientos matan el negocio, así que necesitas gente responsable. Si alguien gasta de forma poco razonable, cambia o fuera.

  1. Con las personas adecuadas necesitas menos reglas.

Le encantó No Rules Rules, de netflix. Se quedó con la densidad de talento, que parece obvio hasta que lo piensas: en una compañía de 8.500 personas, los proyectos verdaderamente críticos no son tantos. Si en esos tienes gente comprometida, con canas, con encaje en valores, puedes darles confianza y ahorrarte la mitad del reglamento. No es casualidad que el plan estratégico de Orange se llame Trust the Future.

  1. La velocidad es la ventaja, y se defiende matando comités.

Una de las primeras cosas simbólicas que hicieron en la fusión fue eliminar comités estándar donde mucha gente consensuaba mucho y nadie decidía nada. Acercar la decisión a quien tiene el conocimiento. Meini lo justifica con una escala que da un poco de vértigo: MásMóvil tardó ocho años en llegar al primer millón de usuarios, Twitter dieciséis meses, ChatGPT cinco días. Hay quien le dice que speed kills. Él responde que la lentitud mata más: pedir una decisión y no obtener respuesta desmotiva y apaga la iniciativa.

  1. La opinión incómoda: las telecos no eran empresas tecnológicas.

Le pregunté la contrarian question de Peter Thiel y no se escondió. Las compañías de telecomunicaciones no eran tecnológicas, por mucho que lo dijeran. En España el sector ha perdido un 35% de sus ingresos de servicio en quince años después de invertir en 4G, 5G y fibra. Han contribuido brutalmente al país y son de los más avanzados de Europa en conectividad. La pregunta que le obsesiona es otra: cómo se crea valor por encima de la conectividad. En otros mercados el 70% de los ingresos viene de soluciones empresariales. Ahí hay margen.

Por eso el foco en ciberseguridad, cloud, IoT, data centers de baja latencia, un IT stack propio, y una plataforma de advertising que segmenta microclusters de audiencia y multiplica por dos o tres la efectividad de las campañas. Modelos de negocio que hace tres años no existían.

Cerramos con lo personal. Le pregunté qué le diría al Meini de hace treinta años y respondió «relax, take it easy». Le hice notar el trade-off: si se lo hubiera tomado con más calma, quizá no sería el que es. Se rió y matizó: no todo lo que te apasiona o te enfada es realmente importante.

A un chaval de veinticinco que quiere comerse el mundo le dice una sola cosa: mantén la curiosidad. Y cuanto más cambie todo, más curiosidad.

Y le pregunté cómo quiere que le recuerden sus nietos. «Que el abuelo Meini era buena persona. Pero no solo buena persona: activa. Porque la gente que no hace nada no me vale.»

Ahí, creo, está resumido todo. El podcast completo aquí:

En el canal de Youtube: https://youtu.be/BENg2xvo2xg

En Spotify: https://open.spotify.com/episode/3tVGaeg56mQbskS09JyoIg?si=BzeOGNLGTRSlv_3XXIZGPg

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Publicado en: Close and personal Etiquetado como: bocconi, carpintero emprendedor, close and personal, insituto de empresa, masmovil, masorange, mckinsey, meini spenger, miguel arias, podcast, seckau

Acerca de Miguel Arias

He is a venture capitalist investing in Internet based start-ups in Southern europe and Latam. General Partner at KFund

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