Un Opel corsa y 300 bitcoins

Hace unos años, tuve la fortuna de disfrutar de una cena en Lisboa, durante el Websummit, con un interesante grupo de emprendedores e inversores.

Me tocó sentarme junto con Aquilino Peña, frente a los fundadores de eToro, los hermanos Yoni y Ronen Assia, que además de ser muy divertidos y estar aceleradísimos, como les pasa a muchos israelíes emprendedores, estaban super bullyish con Bitcoin. Y nos cantaban sus alabanzas, además de recomendarnos que si teníamos dinero disponible, teníamos que invertir, sí o sí, una cantidad significativa pero razonable, en comprar criptomoneda. Pero ya mismo.

A mi otro lado se sentaba, causalidades de la vida, uno de los primeros inversores de Twitter, un tipazo, típicamente americano, opinionado y con mucho sentido del humor. Al más puro estilo Silicon Valley, estaba más que dispuesto a compartir su conocimiento, así que le pregunté humildemente cuánto dinero había metido en su momento en la red social.

Yo, con mi visión un tanto provinciana, pensé que los Business Angels del Valley estarían a otro nivel, metiendo millonadas en cada emprendedor recién salido de Stanford que se encontraran, pero va y me dice “unos 30-40K dólares”, y me quedé muy sorprendido.

Porque en España, las cifras que se manejan en este hobby tan caro que es la inversión seed patria son del rango de 5000 a 30000 euros. Es decir, que no es que desmereciéramos mucho la apuesta.

Así que mi siguiente pregunta lógica, aunque un poco maleducada fue, “Oye, y cuál fue el retorno de la inversión?”. Y me dice el tío: “unos 5 millones de dólares”.

Date, ahí va a estar la diferencia. 5 MILLONES DE DOLARES!!.

Y es que en España, si todo te va bien, y yo he tenido la fortuna de tener estupendos exits en secundarios en Marfeel o Reclamador, consigues retornos de 5 a 10X, (hey, eso sin contar todas las que me han salido mal como Dada Company o Reallylatebooking, que da para un post aparte, que alguien debería escribir).

Así que, si todo va bien, y después de pagar el 21% de impuestos, te da para comprarte en España, como mucho, un Opel Corsa, mientras que en EEUU, si le sale inversión una realmente bien, un business angel puede retirarse, con retornos de 150X!.

Y esa es la gran diferencia que pudimos comentar Aquilino y yo esa noche, entre ser Business Angel por estos lares y por tanto en modo amateur, o hacerlo en ecosistemas con mucha mayor capacidad de crecimiento y de valoraciones y por tanto jugar en Champions. Da que pensar…

Por cierto, no quiero dejar de volver al consejo de los Hermanos Assia . Al acabar la noche, un poco mareados por la realización de que nunca nos haremos ricos invirtiendo en startups a título personal, aunque sea una de las experiencias más gratificantes de nuestra vida, Aquilino y yo nos planteamos seguir las indicaciones de los hermanos. Nos conjuramos, así, a lo loco, para invertir cada uno 100.000 euros al día siguiente en bitcoin, que a la sazón estaba a 300$ al cambio. Es decir comprar cada uno, unos 300 bitcoins.

Estamos hablando de un momento en el que no existía coinbase y no teníamos muy claro cómo se podía comprar criptomoneda, pero nos dijimos, “mañana encontramos el modo”. 

Pero al día siguiente, entre la vorágine del evento, las charlas, reuniones, no nos encontramos.

Un año después me llamó Aquilino y con algo de miedo me preguntó:

“Oye, ¿tú compraste los bitcoins aquel día?”
“No tío, al final me lié y se me pasó. Tu?”
“Tampoco…, vaya par.” (Menos mal, pensé yo)

Nuestros 300 bitcoins, habrían alcanzado un valor de 4-5 millones de dólares, y seríamos ahora unos cripto-gurús de libro!.

Si hubiéramos comprado.

Eso sí, siempre nos queda el conducir un Opel Corsa, ¿verdad Aquilino?

P.s.- Incluyo un pequeño hilo que sirve de corolario al post

 

En 2020 voy a por el bronce

Me he enganchado a los podcasts  (algo tarde, lo sé), y en particular a Revisionist History, del inefable Malcolm Gladwell. Del que dicen que me parezco un tanto, espero que se refieran al aspecto intelectual más que al físico ;).

Uno de los últimos podcasts que escuché, con la Dra. Laurie Santos, versa sobre la receta de la felicidad y menciona cómo los ganadores de medallas de plata en Juegos Olímpicos se quedan muy chafados y tienden a ser unos amargados, mientras que los que ganan medallas de bronce se quedan contentos y satisfechos.

La idea central es que nuestro cerebro nos hace trampas y compara nuestra situación actual con otros escenarios posibles todo el rato, y en el caso de los atletas que alcanzan la plata, el brillo del oro es demasiado potente, y no pueden dejar de pensar lo cerca que estuvieron de ser campeones olímpicos. Y claro, se amargan, aunque sean los segundos de TODO el mundo en su especialidad.

En cambio, los que ganan bronce están super-contentos de tener al menos una medalla y su cerebro les compara con la opción, muy posible y por suerte evitada, de haberse quedado con un diploma olímpico, fuera del podio y de los focos, después de tanto esfuerzo.

En esto del emprendimiento y me atrevo a decir, que en todas las facetas de la vida, corremos el riesgo de vivir en un continuo “síndrome del ganador de la medalla de plata”.

Siempre hay [email protected] con más éxito, que crece más rápido, que ha vendido su empresa por más dinero, ha levantado más pasta con mejores fondos, salido más veces en Techcrunch y tiene más seguidores en twitter jaleando sus ocurrencias.

Y si tu ecosistema te parece pequeño y crees que has llegado a algún sitio, basta con mirarse en el espejo de Silicon Valley, Israel o darse una vuelta por instagram, para encontrar a otros y otras mucho más fuertes, guapos y con más tiempo libre para disfrutar en fiestas a las que no has sido invitado.

Siempre somos ganadores de la plata, si miramos suficientemente alto.

Pues bien, yo en el 2020, tengo el propósito de ser un bronce de libro. Muy pero que muy satisfecho con lo que he alcanzado y lo que esté por venir, y voy a dirigir a mi cerebro a compararse con todo aquello que me podría haber pasado y que, por suerte, no ha sucedido. Voy a pensar los bondades de mi familia, en el privilegio de mi trabajo, las amistades, las experiencias vividas, en lo afortunado que soy en todos los aspectos de mi vida.

Dice Erich Fromm,  “Si no eres feliz con todo lo que tienes, tampoco lo serás con todo lo que te falta”. En este año que empieza voy a sufrir menos por los problemas que tengo creo que tengo, y esforzarme por estar agradecido por la fortuna que me sonríe.

La plata, que se la queden otros.

Intenta ser el jefe que quieres tener

Después de casi dos años en una gran corporación, ya no puedo decir que soy el nuevo, ni si quiera toca alegar que soy he sido emprendedor. Y me sorprendo cada vez menos de cómo se hacen las cosas a uno u otro lado, quizá también porque ambos mundos y modos de trabajo están convergiendo de manera acelerada.

Uno se lleva en el petate el bagaje de las experiencias que ha vivido y sobre todo de las personas con las que ha trabajado, mientras se adapta a las nuevas situaciones y realidades.

En estas fechas me gusta hacer balance, y la verdad es que desde mi privilegiada posición con visibilidad transversal del funcionamiento de una gran compañía desde lo local a lo global, alrededor de las áreas de negocio, lo que está claro es que he podido aprender muchísimo. Estoy muy agradecido por mis maestros y mis compañeros de aventuras este tiempo.

En esta reflexión, me doy cuenta de que, tener un buen jefe es lo más importante que te puede pasar en el mundo laboral. Yo me siento estos días un poco huérfano, aunque muy agradecido, después de que mi primer jefe haya sido Gonzalo, un tipazo que te deja hacer, a la vez que te facilita el camino y que me ha enseñado algunos de sus trucos Jedi para navegar una compañía compleja como Telefónica.

Me quedo con la tarea de intentar ser el jefe que me gustaría tener, todos los días.

La otra idea que resuena en mi cabeza es que las redes informales, de pares de confianza, son tan importantes como el organigrama, que ya es decir ;).  Haber encontrado este año a un grupo de [email protected], agentes del cambio, de los que te acompañan en el camino mientras tomas piparra con tequila, al tiempo que te empujan a tomar riesgos y te acogen con suavidad en los tropiezos, es una suerte increíble, que espero disfrutar aún más en el 2020.

Y es que, si empujas durante suficiente rato, las grandes empresas te dan espacio. Take it! Crea, experimenta y no olvides que la escala es al tiempo una bendición y una maldición. Tienes que conseguir que tus iniciativas muevan alguna aguja, pensar en grande, mientras haces cosas que no escalan y hackeas el sistema, para socializar tus ideas y conseguir apoyos suficientes rompiendo silos hasta crear la autopista que lleva al cliente.

No todo ha sido del color de rosa, y este año me ha tocado tomar decisiones difíciles. He podido descubrir a golpes, que el micro y el macro no siempre están alineados. He entendido que la corporación tiene sus prioridades y situaciones de mercado que pueden afectar tus planes y tus equipos, aunque estés teniendo grandes resultados en tu pequeño mundo.

Y es lógico, tu area forma parte de un todo y tenemos la obligación y responsabilidad de adaptarnos al contexto, de repensar nuestro modelo y alinearnos con la estrategia y el rumbo a 3-5 años. No podemos olvidar que existimos para aportar el mayor valor posible a ese macro-organismo, aunque a veces no se entiendan del todo los horizontes temporales.

En el momento de la verdad, si eres transparente con tus decisiones, te muestras vulnerable y generas confianza, tus equipos afrontarán el conflicto con honestidad y te apoyarán, aunque no estén de acuerdo. El disagree & commit es el engranaje que separa la ejecución excelente del parón burocrático. Yo me quedo con la increíble reacción de mis colegas, con su compromiso inquebrantable hasta el último día, demostrando que somos una familia y que Once Wayra Always Wayra. Gracias…

Han pasado dos años, y aunque aún nos queda camino por recorrer, tengo la impresión de que hemos avanzado mucho. Ahora que conozco otras compañías y lo que hacen, sé que estamos en la locomotora de esta transformación. Pero no me conformo, queda por hacer y la compañía lo sabe.

Me gusta un consejo de Jeff Bezos que dice “focus on the things that don’t change in your business.” Toca poner energía y atención en aquellas cosas que no van a cambiar en 10 años en tu negocio. Y lo que estoy seguro es que la necesidad de reinvención perpetua, de trabajar más codo a codo con startups y de empujar la innovación iterativa y disruptiva, son cosas que no van a cambiar en Telefónica, ni en ninguna corporación, en 10 años.

A veces hay que tomar decisiones duras, tanto como emprendedor como en un rol corporativo, entender el mercado, y centrar los recursos y esfuerzos para maximizar el impacto. Aunque duela. Tener cicatrices, es una señal inequívoca de que estás en la batalla, luchando. Te conviertes entonces, de algún modo, en un pirata, de esos que no tienen miedo a nada, y no cogen prisioneros para conseguir lo que necesitan.

Con una tripulación lista para afrontar los peligros de la travesía, nos lleve donde nos lleve, sables en alto.

#wearewayra #wearepirates

10 cosas que he aprendido después de invertir en 50 startups seed

Uno de los motivos por los que más me apetecía mi nuevo rol corporativo era la posibilidad de ver muchos proyectos de golpe y trabajar con un montón de emprendedores en geografías diferentes y tecnologías disruptivas, en campos de lo más diverso. 

En este tiempo, ¡18 meses ya!, que llevo como responsable de emprendimiento global de Telefónica, he podido dedicar menos tiempo del que yo estimaba inicialmente a los emprendedores. Mi rol tiene una cara visible, ligada al ecosistema, y otra interna de empuje y cambio cultural, lo cual, sumado a la gestión de 11 equipos dispersos en 10 países, exige bastante dedicación.

Pero he tenido el privilegio de conocer centenares de startups y pasar tiempo de calidad con [email protected] brillantes y [email protected], tanto del portafolio existente de 500 compañías, como de las 50 nuevas inversiones que hemos realizado en estos meses.

Estas son algunas de las compañías en las que hemos invertido:

teltoo, ybvr, gobertis, valerann, vchain

Y después de todos estos comités de inversión y de pasar el hito de 50 inversiones en Wayra, he pensado que podría ser interesante reflejar algunos de los aprendizajes por escrito. En mi vida previa ya había invertido como Business Angel en 8 proyectos, un hobby caro que de momento me está saliendo bien (gracias a Reclamador y Marfeel, y con mucha fe en Graphext, Cream Esports o Vizzuality, entre otras). Pero ahora, en Wayra, he podido invertir a escala y hay ciertos patrones que se van haciendo patentes, así que allá voy con las 10 cosas que aprendí después de invertir en 50 startups.

  1. Lo primero que he aprendido es la necesidad de decir que NO, muchas veces. Y a personas muy persistentes, claro, que encuentran modos de volver a tu mesa e inbox, una y otra vez, como es legítimo. Hay que ser educado, coherente y respetuoso con las negativas y saber que tu anti-portafolio crece y que nadie tiene la bola mágica del futuro para predecir cuales serán grandes éxitos y cuales sonoros fracasos.
  2. Invierte en personas, no en ideas. Por más que resulte muy atractivo enamorarse de una idea o de un potencial de mercado. En estas fases tempranas, siempre son los fundadores los que serán capaces de aprender, pivotar y escalar un proyecto. La ejecución siempre gana a las ideas. Siempre. Así que, pon mucho foco en que el equipo tenga ganas, experiencia y la capacidad de trabajar juntos y busca cuales son las pruebas de tracción inicial que muestran su capacidad de ejecución más allá de un pitch bonito. Además, invierte en personas en las que confíes, y que no te oculten información. Si crees que los emprendedores te cuentan sólo la mitad de la historia, huye. Entiendo que toca el «fake it, till you make it» pero tiene que haber algo sólido detrás y no sólo ser una montaña de humo.
  3. Pon pasión a lo que haces. Sobre todo en el ámbito corporativo es fácil dejarse llevar por la idea de que inversión significa “cumplir con el presupuesto”. Es fundamental que sientas las inversiones como si fueran con tu propio dinero y por eso les pido a todos los Country Managers y Scouters de Wayra que al menos una vez al año me presenten al comité de inversiones un proyecto por el que se sientan tan apasionados, que están pensando en dejar su trabajo para irse con los emprendedores.
  4. Trabaja en tu marca: Es vital que todo el ecosistema sepa cuál es tu posicionamiento diferencial para acceder a las oportunidades que te interesan. Nosotros queremos que las mejores startup de LATAM o Europa, con rondas de entre 500K an 3-4 millones, que puedan encajar con Telefónica y que estén en las áreas de IoT, Data, AI, Video, AR/VR, Ciber, Enterprise SaaS… sepan que podamos ayudarlas a escalar en 15 países y con 350 millones de clientes.
  5. Estar en los deals relevantes, los más solicitados, no es gratis. Exige trabajo y mucho. Siendo además un inversor corporativo, no podemos esperar a que nos lleguen los mejores proyectos, tenemos que acercarnos a los emprendedores, a otros inversores, estar en la calle y luchar duro para que nos dejen un sitio en la mesa. Y el trabajo de convencer a los fundadores de que acepten tu cheque, empieza mucho antes de que abran una ronda.
  6. Entiende tu mercado. Las dinámicas de crecimiento, las valoraciones y sobre todo las opciones de financiación son muy distintas en cada ecosistema. Nosotros estamos presentes en mercados tan distintos como Londres, plenamente consolidado y con muchísima densidad de startups, Sao Paulo, en plena ebullición y con players como Softbank que están cambiando las reglas del juego, o Lima que está en fase de desarrollo inicial. Así que tenemos que adaptar nuestras estrategias de scouting, inversión y seguimiento a cada mercado y sobre todo intentar que todos los hubs funcionen como una red, para que una startup de Santiago de Chile pueda hacer softlanding en toda Latam de nuestra mano, o para que una compañía de Barcelona desembarque en UK.
  7. Equilibra FIT y Disrupción. Como hub de innovación abierta, somos un inversor un poco particular, porque estamos dispuestos a sacrificar algo de upside futuro, a cambio de mayor Fit (es decir, generación de negocio conjunto) con Telefónica. Eso nos hace un poco más insensibles a la valoración pre-money del deal que otros inversores y también un tanto más cómodos en el cap table. Nuestro foco fundamental es conseguir que las compañías invertidas trabajen con Telefónica. Y eso puede tener un efecto muy positivo en su valoración futura, lo cual es mucho mejor para todos. Como ejemplo, una startup de enterprise SaaS que tenga un contrato de 1 millón de euros recurrente con Telefónica, verá incrementada su valoración en unos 10 millones (10x forward looking revenue multiple). Not bad, huh?.
  8. Apuesta por los outliers. Los retornos de fondos de early stage con una altísima dispersión, como el nuestro (con tickets iniciales de 50K y ahora de 150K y ownerships muy bajos entre el 5 y el 1 % en más de 500 startups) siguen una distribución de «power law» extrema, en la que unos pocos home-runs consiguen cambiar todo el rendimiento del portafolio. De modo que, si aciertas, puedes conseguir múltiplos de escándalo, y las mejores inversiones en etapas tempranísimas (y por tanto, muy arriesgadas) pueden convertirse en dragones que devuelvan todo un fondo. Aunque, si el único objetivo fuera el retorno de la inversión, sería más conveniente meter más dinero en menos compañías y evitar una diversificación excesivo. En nuestro caso, la generación de negocio con las startups prima sobre el retorno de la inversión y por tanto, buscamos ampliar el abanico de compañías que puedan trabajar con unidades globales y locales. Así que, con unos 50 millones invertidos en Wayra, y con inversiones máximas de €150K por compañía, necesitaríamos un 300X de múltiplo para devolver de golpe todo lo invertido. Nosotros buscamos mejorar los retornos de las mejores salidas, haciendo follow-ons selectivos y poniendo más huevos en la cesta de las mejores. Y oye, por qué no tener fe!, no podemos olvidar cómo Peter Thiel consiguió $1,1 billion de su inversión inicial de $500K en facebook, un retorno de 2200X 🙂

Para los muy cafeteros, recomiendo leer este post con datos y simulaciones muy detalladas de Angelist sobre el tema.

9. Conoce el siguiente paso. No me fijo demasiado en las proyecciones a 3 o 5 años, porque todo cambiará muchísimo en los meses siguientes a la inversión, para bien o mal. Pero es fundamental que entienda cual es el plan que tiene la startup hasta la siguiente ronda de financiación, qué hitos quiere conseguir para ser financiable, qué recursos necesita para conseguirlos y cual es ese horizonte temporal desde la ronda seed hasta la serie A (típicamente entre 12 y 18 meses).

10. Haz una gestión activa del portfolio existente (que  se hará inmanejable con el tiempo) y ten mucha paciencia.

Con portfolios complejos como el nuestro, es fundamental tener una categorización de las startups en base a 5-6 KPIs que puedas medir con facilidad (ingresos, crecimiento YtoY, burn rate, cash en el banco…) y tener estrategias distintas para cada segmento. Tanto para ayudar a las startups más prometedoras a levantar sus siguientes rondas, como para plantear posibles salidas totales o parciales en secundarios, si las rondas están sobresuscritas. Y marcando distintos descuentos de liquidez aceptables para cada tipo de segmento. Es vital identificar posibles problemas lo antes posible y ser el tipo de inversor al que los emprendedores quieren llamar el primero cuando tengan un problema.

Este es un juego a largo plazo y como dice my boss, Gonzalo Martín-Villa, una de las claves del éxito de Wayra ha sido la paciencia que ha tenido Telefónica con el programa, que ya dura 8 años. Y como explica Fred Wilson aquí, una verdad universal de las inversiones seed es que las pérdidas llegan muy rápido (los proyectos que se mueren en el primer año) y en cambio los outliers toman mucho tiempo en realizar su valor. ¡Para conseguir una liquidez real en un portfolio en fase seed hacen falta desde 7 a 10 años!

Bonus. Creo que es importante que como inversor seed tengas una tesis de cómo crees que el mundo será en el futuro, y después hacer inversiones que se basen en esa visión, más allá de modas y del FOMO que se genera a corto plazo. Las mejores inversiones son “contrarians” y a largo plazo, Chris Dixon lo describe como «investing in good ideas that look like bad ideas».

Como conclusión, cuando se está invirtiendo en una etapa tan temprana, tu única tarea es buscar qué es lo que no te crees del proyecto. Retar todas las hipótesis que apenas están probadas y ver si los emprendedores/as tienen los mimbres para aprender, adaptarse y ejecutar en unas nuevas coordenadas, hacia un futuro que nadie conoce. Y recordar lo que nos enseña Jason Lemkin: «your strategy and insights into the venture market are probably 3-4 years old. challenge them«.

Lo explica muy bien Ali Hamed aquí:

Juntos pero no revueltos

Me gusta la frase de Peter Drucker que dice “Culture eats Strategy for breakfast”, y estoy de acuerdo con que una cultura potente, que sirva de compás y asidero en los momentos de zozobra, es el factor más importante para enfrentarnos a estos nuevos entornos de cambio tecnológico, volatilidad e incertidumbre (VUCA lo llaman ahora). 

Pero más allá de ver la cultura casi como una religión, de esa que surge de forma espontánea en cuanto cuelgas unos principios en la pared, creo que es posible crear estructuras y procesos que ayuden a cimentar una cultura determinada, como hizo Reed Hastings con Netflix. Así que si pensamos en cómo crear un espacio para la experimentación en las grandes corporaciones, parece sensato pensar que hay estructuras más proclives a la innovación que otras. Eso sí, no creo que haya una receta única, y distintas compañías con distintos legacies, dispersión geográfica, complejidad de producto, tendrán distintas posibilidades de organización.

En este sentido, me interesó un concepto de Safi Bahcall en su teoría de Loonshots, definidos como radical innovations, que me pasa el gran Jaime Rodriguez-Ramos (mi nuevo gurú como fuente de inspiración y conocimiento en el sector Telco). Safi habla de la importancia de la “phase separation”, o cómo separar creatividad e ejecución en una corporación. Es decir, separar a los artistas de los soldados, dado que la creatividad y la ejecución requieren distintas condiciones ambientales.

Me gusta especialmente cómo Safi habla de la importancia de los “Translators” para tener éxito en este viaje: individuos que son bilingües entre dos mundos muy distintos y tienen el respeto de ambos. Cada vez vemos una mayor cross-polinización entre el mundo emprendedor y el entorno corporativo, con perfiles que trabajan unos años en uno y otro ambiente y que pueden actuar de bisagra o casi de API de conexión entre las capacidades de ambos sistemas.

Otro punto que resalta Bahcall como crítico para que los loonshots puedan tener éxito es la tolerancia a tres fallos. Dice: “Todos los loonshots morirán al menos 3 veces. Son tan nuevos que tienen que vencer múltiples resistencias y resolver muchos problemas. Por tanto es preciso esperar el fallo como una condición intrínseca al loonshot, descubriendo falsos fracasos y entendiendo por qué no fue definitivo. Al mismo tiempo, es necesario entender a los detractores con curiosidad y seguridad, y evitar escuchar sólo a los que apoyan la idea”. 

Poder aceptar un fallo, aprender de él y pivotar es crítico para que los proyectos de innovación en la corporación puedan prosperar. Si escuchas el podcast de acquired (muy recomendable, por cierto) la mayor parte de las grandes IPOs de este año, empezaron siendo otra cosa totalmente distinta (Lyft, Pinterest…).

Por eso le estoy dando vueltas a cómo puedes facilitar un pivote en los proyectos disruptivos de las organizaciones, cuando cambiar implicará ir contra tu propio plan de negocio, tu palabra dada a varios comités que lo han aprobado después de sesudas deliberaciones, con el sello eterno del CEO.

Un emprendedor pivota porque no tiene otro remedio, porque tiene ya un pié en el abismo y poco que perder, y porque tiene la pasión, y el miedo añado, de encontrar el ansiado product-market fit como un acicate que le empuja hacia adelante. Pero la situación no es la misma para el mando intermedio de un entorno corporativo, que puede tener más que ganar por dejar morir el proyecto y achacar el fracaso a las condiciones de contorno, que por empujarlo contra viento y marea. 

Ojo, abogo por la tolerancia al fallo (tres veces incluso, como dice Safi), pero tenemos que ser críticos con el fallo auto-justificado. ¿A qué me refiero?, y es que en una corporación siempre puedes echar la culpa a otro departamento, a la estructura, al legacy. Hay multitud de opciones para no sentirse «Accountable» y por tanto de evitar tus riesgos personales mientras el proyecto se hunde. Y eso no vale, tenemos que ser agentes del cambio y asumir también nuestros propios riesgos y responsabilidades.

Y para que las corporaciones asuman más riesgos, necesitamos más tolerancia al fallo catastrófico, al que tiene consecuencias relevantes, lo mires como lo mires. Para que los intrépidos que se la juegan, con todo, puedan encontrar que la corporación los acoge con cosa suave en la caída.

Para terminar, os dejo unas líneas que me pasó Lucía Gastelum hace unos días y que pueden dar ánimo a los que están luchando por ser agentes del cambio en las organizaciones: 

“It is not the critic who counts; not the man who points out how the strong man stumbles, or where the doer of deeds could have done them better. The credit belongs to the man who is actually in the arena, whose face is marred by dust and sweat and blood; who strives valiantly; who errs, who comes short again and again, because there is no effort without error and shortcoming; but who does actually strive to do the deeds; who knows great enthusiasms, the great devotions; who spends himself in a worthy cause; who at the best knows in the end the triumph of high achievement, and who at the worst, if he fails, at least fails while daring greatly, so that his place shall never be with those cold and timid souls who neither know victory nor defeat.”

― Theodore Roosevelt

6 Cosas que he aprendido de mi padre y 1 que aprendí yo solo

Me he dado cuenta de que escribo muchas veces sobre lo que me enseñan otras personas en este blog, pero nunca lo he hecho sobre la persona de la que más he aprendido durante toda mi vida.

Y como es el día del Padre, ya toca, y voy a escribir sobre lo que he aprendido y sigo aprendiendo de Angel Arias, mi padre. Teniendo en cuenta que mis regalos infantiles solían ser una mezcla de poesías de rima fácil, dibujos con dobles sentidos y esculturas inestables, creo que este homenaje es más que merecido.

No es fácil tener un padre que lo hace todo bien, con un ordenador cuántico por cerebro y una aproximación renacentista a las artes y las ciencias. Autor de varios libros de prosa y poesía, pintor prolífico, bloguero perseverante, ingeniero de minas y abogado, doctor en economía, pescador, cazador de fotos de pájaros, setero y filósofo. Mi padre es un leonardo da vinci entre siglos, entre lo analógico y digital, un exponente de estos tiempos poliedricos que tenemos el lujo y la angustia de vivir.

Su aprobación ha marcado la línea que define el éxito del fracaso en mi vida, más allá de hitos, premios o reconocimientos externos. Parece un cliché, pero cuando tienes un padre sobresaliente, tienes cierto miedo a decepcionarle, y casi me apetece mandarle este post para que me lo corrija antes de publicarlo, como hice tantas veces en el pasado, pero no es plan.

Así que vamos al lío, ¿qué es lo que he aprendido de mi padre?:

  1. La excelencia se alcanza con el esfuerzo y la práctica

Mi padre ha practicado la teoría de que necesitas 10.000 horas de práctica para ser experto en algo desde mucho antes de que se pusiera de moda. Ha dedicado su pasión irrefrenable y dedicación obsesiva a tareas tan diversas como aprender chino en el metro, estudiar la carrera entera de derecho en 3 años mientras trabajaba, o hacer moscas para pescar de decenas de plumas y colores.

En este mundo líquido que premia lo superficial y la ocurrencia fácil, me ayuda mucho imaginarme a mi padre en su despacho, rodeado de libros y papeles desordenados, enfrascado en una de sus aficiones, como si no hubiera nada más en el mundo. Y huele a pipa en esos recuerdos, aunque estuviera apagada.

2. La moral no se vende, ni se transforma

A medida que avanzas en una carrera profesional exitosa, he aprendido de mi padre que la vida te presenta bifurcaciones, recovecos y angostos pasajes por los que parece que el tránsito será más fácil si tomas un par de atajos.

Y no. Las lealtades, la justicia y la importancia de la moralidad en las decisiones, como un imperativo categórico que no depende de las circunstancias, sino de uno mismo, son una enseñanza que me sirve de compás, incluso cuando vienen mal dadas.

3. La importancia del apoyo incondicional

Nunca me importó demasiado suspender una prueba o fallar en algo (salvo la química de primero) porque mi baremo del éxito estaba asegurado por el apoyo de mi/s padre/s, siempre detrás de cualquier decisión que he tomado y de cualquier locura que se me ha ocurrido.

Incluso cuando dejé el trabajo en Geocisa, ni cuando tuve que pedirles, tímidamente, algunos euros de paga, a mis ventitantos, para sacar a mi novia a tomar un refresco al quedarme sin blanca, tras estar dos años sin salario en mi primera startup.

Ahora me preocupa cómo transmitir a mis hijas el mismo apoyo incondicional, para que sean quien quieran ser, para que sepan que es importante seguir tus pasiones y que no pasa nada por arriesgar y equivocarse, sobre todo cuando eres joven, aunque pueda parecerle que ya eres mayor a un niño .

4. Ponte siempre en los zapatos del otro

Y no me refiero a una simple técnica de negociación, para entender el BATNA de tus contrincantes más allá del tuyo, si no a una filosofía de vida. Darte el tiempo para escuchar los motivos de los demás y entender sus circunstancias, y poner sus intereses al mismo nivel que los propios, es algo que no es sencillo, pero que he visto hacer a mi padre en muchas facetas de su vida.

El riesgo es que en el proceso te pases de frenada y antepongas siempre las necesidades de los demás y su bienestar al tuyo, y también hay que quererse un poquito ;).

5. El dinero no es lo más importante

A mi padre nunca le han importado demasiado las posesiones físicas, mientras no le tires sus libros o papeles viejos a la basura. De hecho es un coleccionista de objetos imposibles, mezclando un leve síndrome de Diógenes con un hipsterismo un tanto cool.

Pero una vez que tienes suficiente para vivir sin preocupaciones financieras, (y eso es un big IF!), entonces lo importante está en tener un espacio de retiro donde encontrarte contigo y con otros, y si es en Asturias, mejor. Y evitar entrar en carreras de comparación de status, donde siempre encontrarás a otro más favorecido en las fotos del instagram.

6. Construye algo tuyo, estés donde estés.

No se puede decir que las aventuras emprendedoras de mi padre hayan sido muy exitosas, pero me han enseñado que es importante lanzarse a empujar iniciativas que te importan, sea dentro o fuera de una corporación. No basta con ser follower, seguir las ordenes y cumplir con tus KPIs religiosamente.

La vida suele colarse entre las rendijas de esos objetivos impuestos por otros, y si no se hubiera arriesgado mi padre, no estaríamos disfrutando cada Nochevieja de un estupendo Protos del 74 para acordarnos fallido del negocio de importación de vinos españoles a Alemania de los ochenta. O no tendríamos tan claro cómo no montar un restaurante y no podríamos decir con suficiencia que en la restauración la clave es LOCATION, LOCATION, LOCATION y tener muy controlado el escandallo.

1. Se parte de una tribu

Y esta lección no lo he aprendido de mi padre, porque él suele ir de lobo solitario. Desde su convencimiento firme de que la excelencia y meritocracia será reconocida por el mundo, como un rayo vengador.

Pero he podido entender, a fuego, lo importante que son las redes de pares de confianza, la tribu, la mafia, como quieras llamarlo. Que te acojan en las caídas con cosa suave y que te aúpen cuando te lanzas a conquistar la luna.

Rodeado del conocimiento colectivo, los contactos y la seguridad que te da tener compañeros de batallas, puedes afrontar con otro ánimo los retos de probar cosas nuevas y dejas de jugar con cartas marcadas. Lo entendimos así en Chamberí Valley y en general, me apasiona ver cómo el karma positivo siempre vuelve para darte un empujoncito hacia adelante, aunque sea de manos del todo inesperadas.

En fin, no sé cuanto de la personalidad de mi padre está en mí, ya que estoy seguro que la herencia genética no me ha proporcionado sus neuronas superlativas. Pero sé que estas seis cosas que me ha enseñado me acompañan y forman parte de aquello de lo que soy, aquello de lo que estoy más orgulloso.

Javier González Canga, gran amigo de añares de mi padre, nos dijo en una cena hace unos meses que siempre pensó que sus hijos estudiarían a Angel Arias en el Colegio. No ha sido así y no sé si mis hijas o nietas estudiarán a su abuelo en la escuela algún día, aunque seguro que lo harán en casa.

Pero dentro de 100 años, algún sociólogo que busque entender la loca realidad de nuestro mundo entre siglos, encontrará Alsocaire, su blog, con cientos y cientos de textos lúcidos, divertidos y afilados, se reirá con los comics de Linkweak, disfrutará de poesías y dibujos, y tendrá, de golpe. todas las respuestas.

Gracias, Papá.