

Me acaban de comunicar que he vuelto a ser premiado por el IE University, en su categoría de poesía en español para personal y equipo docente. En esta ocasión me corresponde el 2º premio , así que enhorabuena a Sergio Rodríguez que ha ganado el primer premio.
Me hace ilusión este reconocimiento porque envié dos poesías que escribí a las pocas semanas del fallecimiento de mi padre, intentando reflejar algunas sensaciones de mi duelo. Cada uno pasa esa etapa como puede, y creo que mi proceso interrumpido por una serie de circunstancias personales, no es un modelo a seguir, pero me gusta pensar que a mi padre se hubiera sentido orgulloso y que incluso le hubieran gustado estas poesías, las primeras que escribí que no pudo leer ni comentar conmigo.
Duelo
I
Nos hemos repartido la vida que has tenido,
ya no es tuya,
y me han tocado tantos recuerdos,
que malvivo borracho de duelo cada noche.
Es tu muerte una herencia espesa,
en la que no me reconozco,
soy un submarino varado
en el fondo de océano,
sacudido por cargas de profundidad
en forma de recuerdos,
unas dolorosamente cerca,
otras mucho más lejanas.
Las cosas lucen, saben, huelen, escuecen distintas,
si no las comparto contigo,
el miedo da mucho más que miedo
extendiéndose desganadamente,
en un vacío que lo ocupa todo.
Tu ausencia es un rugido que rezuma
una nostalgia desolada,
con consistencia de chicle usado,
reblandecido por el roce y las pisadas.
Te atisbo, rabioso,
en las esquinas de mi existencia,
pugnando por subsistir,
temeroso de que te desvanezcas
como un copo de nieve al tocar el asfalto,
si olvido cada palabra, cada paso.
Y no encuentro en qué cajón
me escondiste el compás y el rumbo,
o ese sello de aprobación infinito,
sin cortapisas.
Estoy atrapado en una conversación interrumpida,
tu silencio me habla,
pero apenas basta para alimentar el rato.
II
Cuando yo me muera
quiero que me lloren mis yernos,
que mis hijas no me necesiten,
aunque busquen todavía su espacio reservado,
entre mis brazos.
Cuando muera yo,
espero que mis nietos sepan quien fui,
y se reconozcan en los que me preceden
en esta digna estirpe destartalada,
de hombres y mujeres tan buenos como pudieron.
Espero que algunas mujeres
susurren que las quise atronadoramente,
y que me quisieron.
Y espero que no tengas dudas, Elena,
de que aposté todas mis bazas por ti.
Cuando muera,
repartid el cariño que me quedó por dar,
entre los más necesitados.
Que cosan mis amigos de añares
los desgarros, los jirones irregulares
que deja el amor al desvanecerse.
Y que recorran esas cicatrices imperfectas,
ya suyas, con los dedos y el corazón,
para reconstruir gozos a su manera.
No dejaré una herencia de conflictos, vías muertas,
no embrollaré madejas de sentimientos,
ni esconderé llaves de baúles con mis claves
que ya me he vertido en ocasiones, para explicarme.
No espero mucho, cuando muera,
solo quedarme prendido de las comisuras
de los labios de mis tribus.
Esconderme allí,
en el nacimiento de las sonrisas,
para subir, bajar, al ritmo de sus recuerdos.
Pero no os despidáis cuando muera,
hacedlo ahora, muy poco a poco,
un devenir imperceptible,
un camino angosto, pero seguro,
la vida, al fin y al cabo.
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