3 años han pasado ya, y ya no es cierto esto que escribí entonces:
«Tu ausencia es un rugido que rezuma
una nostalgia desolada,
con consistencia de chicle usado,
reblandecido por el roce y las pisadas.»
Ni sigo ya enganchado en este bucle:
«Estoy atrapado en una conversación interrumpida,
tu silencio me habla,
pero apenas basta para alimentar el rato.»
Ahora es otra cosa. Puedo revisitar el poso de los recuerdos compartidos y sonreír al descubrirme en tus enseñanzas. El otro día me ví explicándole a las niñas mates con tu mismo tono, esa mezcla de paciencia y urgencia que tenías cuando querías que se te entendiera y dar espacio a la vez.
Pero te sigo echando atronadoramente de menos. Y me gustaría contarte tantas cosas.
La evolución mareante de la IA te hubiera fascinado, tú, que siempre estuviste pensando sobre lo que venía antes de que llegara. Te imagino enganchado, opinando, conectando puntos que nadie más vería.
Y las abrumadoras tensiones locales y mundiales, las guerras horrendas, te tendrían muy preocupado, escribiendo sin parar, probablemente cabreado y extremadamente lúcido a partes iguales. Me habría encantado leerte en tu blog sobre eso. Me habría encantado discutirlo contigo.
Y aun así, las dudas y las ganas son las mismas.
Recordando a Ángel Arias https://lnkd.in/e_DUuQBY
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