Este verano, he estado unas semanas trabajando desde Nueva York y Silicon Valley. Además del café a precio de caviar y viajar en taxi sin conductor, me reafirmo en la certeza de que tenemos que estar mucho más conectados con lo que está ocurriendo allí.
Está pasando todo a la vez: IA aplicada a todo tipo de procesos, robótica, defensetech, datos sintéticos, nuevos interfaces… El ritmo es brutal y te encuentras startups con equipos de 3 personas generando ingresos y tracción en pocas semanas, levantando rondas enormes a valoraciones absurdas. El famoso 9/9/6 (9 de la mañana a 9 de la noche, 6 días a la semana) se ha convertido en cultura dominante. Consigues product-market-fit en tres sprints y burnout en cuatro.
Pero lo que más me resonó no fue eso. Fue una conversación con un buen amigo del mundo VC americano en Nueva York.
Yo, con mi punto de victimismo español, le decía: “Claro, vosotros lo tenéis más fácil. Tenéis todo el dealflow y el gran nombre de vuestra firma, como un neón que os ilumina por detrás y hace que todos parezcas más guapos. Os llegan los emprendedores antes y podéis seleccionar a los mejores, signifique eso lo que signifique, y al que se resbale en el proceso de selección, pista. Nosotros en el sur de Europa no vemos ni una cuarta parte.”
Y su respuesta fue:
“That’s the also our curse. The curse of seeing everything. The curse of knowing you will always be losing great deals.”
Me recordó a una frase que leí del inefable Harry Stebbings hace unos días:
Anti-portfolio regret is the psychological price you have to pay for being in the game.
It is the emotional tax you pay for being in good dealflow.
— Harry Stebbings (@HarryStebbings) July 23, 2025
Porque claro, si ves todos los deals… también ves pasar todos los que no harás. Y cada uno se te queda grabado como una cicatriz. Muchos fondos americanos siguen traumatizados por no haber entrado en Lovable. Les pasó por delante en seed, otra startup más con la promesa del vibe coding, y no generaron convicción o no ofrecieron lo suficiente o llegaron tarde. El terror del FOMO, equivocarte en el gran deal del año, cuando lo tuviste en tus manos.
Para nosotros, no haber invertido en Lovable (que además no está en nuestra región objetivo) no es una herida emocional. Claro que me habría encantado estar en su cap table, kudos a Creandum. Pero no es lo mismo.
En cambio, estar en “la buena mesa” del poker inversor —esa donde se juegan los high-stakes del capital riesgo— tiene un precio. Estás para ganar, pero sabes que vas a perder muchas manos. Y duele más cuando viste la jugada entera y no apostaste lo suficiente. Aunque si nunca te arrepientes de haber pasado una oportunidad, probablemente no estés viendo suficientes pitches. El arrepentimiento significa que estás cerca de las mesas buenas.
Creo que si llevas suficiente tiempo en el venture capital, tu anti-portfolio siempre supera con creces a tu portfolio, incluso para los mejores inversores. La parte tranquilizadora es que no hace falta acertar o elegirlos todos, ni de lejos, salvo que tengas un fondo de un par de billions.
Nosotros, lo queramos a no, jugamos en una mesa distinta. Más pequeña, aunque digna, más enfocada. Apostamos por el sur de Europa y por emprendedores de Latam con intención de moverse a Europa y con el tamiz de nuestro foco en tecnologías habilitadoras. No vemos todos los deals del mundo, ni falta que hace. Pero los que vemos, los vemos más cerca y a fondo. Y creo que eso no es una desventaja, es una virtud.
Pero solo si juegas bien tus cartas. A mí, después de más de cuatro años en este mundo, me duele mucho todavía, aunque también me alegro por ellos, ver cómo algunos de los deals en los que tenía convicción y que se me escaparon, están creciendo bien. Tener ojo no basta.
Porque las manos buenas que te caen… esas no las puedes dejar escapar. Y es que si no lo haces tú, vendrá el fondo anglosajón, meterá su ticket con dinero que para ellos es calderilla (o marketing), y se llevará el deal. Aunque no lo acompañe, aunque no lo entienda demasiado, aunque no le importe que el emprendedor se la pegue en 12 meses.
¿A quién quieres tener en tu esquina del cuadrilátero cuando lleguen los problemas? ¿Al partner que ha apostado fuerte por ti, que se juega su reputación y una parte real de su fondo contigo? ¿O al que solo metió unas fichas “por si acaso”?
Your call. Pero que sepas que aquí estamos listos, para pelear contigo.
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