Cada vez estoy más convencido de que los vaivenes de la vida emprendedora o el desgaste psicológico del inversor se gestionan mejor si tienes otras dimensiones personales que te complementen y te aporten emoción o sosiego.
Cuando ficho a alguien y cuando hago due diligence de un emprendedor me interesa mucho que tengan aficiones diversas y si las han llevado a niveles quasi-profesionales (deportistas de élite, carreras de música, autores reconocidos) mejor que mejor.
Tocar un instrumento o practicar un deporte de equipo estimula áreas del cerebro relacionadas con la creatividad, la resolución de problemas y la visión estratégica. Y además, el entrenamiento físico o la práctica artística requieren constancia y tolerancia a la frustración, dos cualidades esenciales para navegar la incertidumbre de las startups y el venture capital.
Una larga introducción para contaros que estoy muy contento porque el IE Foundation me ha vuelto a premiar por mis poemas. Yay!. En este año, quise comprobar si mis versos podían transmitir carga poética en inglés y no me puedo quejar porque me han dado el segundo premio en esa categoría y el tercero en español. Enhorabuena al resto de premiados!.
Y aquí os dejo ambos poemas, ya me diréis si os gustan:
Sisyphus’s Selfie
I snatched Sisyphus’s sorrows,
condemned to repeat impossible feats,
desperately striving for the same summit.
Frenzied, foreign peaks,
from which I hurl myself
into a hell of irrelevance.
I inherited my father’s addiction to success,
to the pat on the back,
to hacking conversations
cracking the algorithm of false approvals.
I foolishly sought to transform my desires
into tokens of independence,
to build a wall of dignity,
where I could find myself, alone,
frantically dragging the same rock
crushing my bones up the same slope.
I don’t know if you’d be proud of my missteps,
Father,
but you would surely recognize yourself
in this yearning to transcend,
devouring likes from nobodies
at the speed of light.
I am an early write-off,
a pensioner of Prozac, wine and gummy bears,
addicted to a pornography of lies,
drowned by the buried anxiety
of facing each new day
as the exam I never studied for.
Terrified of not having the time,
nor the energy,
to face who I really want to be.
Terrified of not even knowing
who that pitiful man is,
on the other side of this selfie,
no matter how much he smiles
in micro-doses.
Entre mis costuras
Colecciono cosas diminutas,
la conversación que no escala,
doblada cientos de veces en la solapa.
El abrazo de mis niñas,
adornado de besos antes del sueño,
que no se acaban.
El descuidado roce de tus senos
fundiéndose como chocolate,
en el bolsillo, entre lágrimas,
por un futuro que puede no ser.
El beso desbordado,
que empezó en la comisura de la boca
y reventó como un chupachús con sorpresa.
La esperanza de días mejores
con fe en milagros estadísticos,
tras la estela de héroes mundanos.
El verso que escribí para que no lo leas,
las cosas que no te digo,
entre mis costuras, entrelazadas.
Mi destartalada ristra de tesoros
que me acompañan desde el insomnio.
Un pasado inventado,
convertido en un rosario
manoseado por mis urgencias.
Una herencia que se desvanece,
imperceptible.
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