
Conocí a José María Álvarez-Pallete hace más de diez años en una de las comidas de emprendedores de Chamberí Valley, organizada con la ayuda de Gonzalo Martín-Villa, que por aquel entonces estaba volcado en el lanzamiento de Wayra. José María, en aquella época COO de Telefónica, dedicó un tiempo de calidad a escuchar nuestros problemas como emprendedores y nos sorprendió su conversación franca, su interés genuino y su carácter cercano y socarrón.
No volví a tener mucho trato con él hasta 2018, cuando entré en Telefónica como un auténtico paracaidista, sin experiencia previa en el mundo corporativo. A los seis meses, llegó mi bautismo en su modo de liderar y comunicar durante mi primer ExCom y Consejo de Administración. Ese día, me llevé una torta de campeonato (ya lo conté en su momento aquí), y aún recuerdo una frase que me marcó:
“¿Cómo has podido hacerte tan corporativo en sólo seis meses?”
No se imaginaba que, en realidad, terminaría siendo Telefónico hasta la médula; con el logotipo de Wayra tatuado bajo la piel. Me dijo: “Has venido para ser tú mismo, no para ser igual que nosotros”. Esa simple frase me dio libertad para probar cosas a mi manera y justificación para pedirle a la organización que tomara riesgos trabajando con startups. ¿Cómo iba yo a pedirles riesgos si no me arriesgaba primero?

Con José María siempre hubo un claro mensaje: en Telefónica hay espacio para innovar y dejar un legado que vaya más allá de uno mismo. Esa vocación de permanencia y de impacto positivo en la sociedad impregna su modo de hacer las cosas y la cultura de la compañía.
Durante la pandemia, por ejemplo, cuando lanzamos la app de autodiagnóstico de Covid para descongestionar los servicios de emergencias con ayuda de muchos emprendedores y empresas, Telefónica asumió responsabilidades en la gestión de datos y puso todos los recursos necesarios para sacarla adelante a contrarreloj y pro bono. Fue una demostración palpable de esos principios éticos y de compromiso social, la cultura se demuestra cuando duele.
No todo fue un camino de rosas: cuando llegaron los baches, los ataques mediáticos de los capitanes a posteriori y las presiones políticas, los hombros de José María me protegieron de la marejada.
Y cuando meses más tarde, le barrunté que estaba pensando en dejar la compañía, me dedicó una larga conversación personal para entender mis motivaciones y animarme a seguir construyendo proyectos dentro de la compañía. Como él siempre dice, “en esta casa hay mucho por hacer”.
Finalmente, decidí salir de Telefónica, contra el criterio de mi mujer, para buscar otros caminos centrados en mi propósito de crear más empleo y riqueza local con un fondo de capital riesgo dentro de KFund y siguiendo el mantra de: Once Telefónico, Always Telefónico, José María y Telefónica siguieron apostando por mis proyectos, aunque a veces parecieran complejos e improbables. Hoy, desde Leadwind, con Telefónica como inversor ancla, hemos podido lanzar el primer fondo de growth del ecosistema español, y he sentido de cerca el apoyo incondicional de la compañía y sus tribus.
Me siento enormemente agradecido por la huella y el legado que dejas, José María, no sólo en Telefónica, sino también en mí como profesional y como persona, y en tantos otros que hemos cruzado tu camino.
Sé que seguiremos “liándola parda” con cada nuevo proyecto que se nos ocurra. Y, por supuesto, siempre estaré listo para la cualquier reunión de los viernes, con la misma ilusión de hacer un mundo mejor, conectando la vida de las personas.
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