
Cada nuevo año, me gusta dedicar algo de tiempo a hacer una reflexión anual y compartirla, marcando una muesca en el paso del tiempo.
Si comparo mis planes y estado de ánimo a comienzo del 2023 y mi objetivo básico de «Keep it simple«, con cómo resultó el año, me parece que las turbulencias pasadas no han sido más que un reflejo de la gran complejidad e imprevisibilidad de la vida.
Este año ha sido especialmente duro para mí, y todavía no tengo claro cuál es el impacto de 2023 en mi manera de hacer y ser. Puede que me haya hecho algo más fuerte, pero tampoco demasiado.
En lo personal, mi 2023 ha estado marcado por una lucha desigual contra embates en los que no he salido demasiado bien parado. Como cuando un niño pequeño se ve atrapado por olas en la orilla del mar, y cada vez que intenta levantarse, sufre un nuevo revolcón.
Pensando en positivo, no he llegado a ahogarme bajo el peso del agua, y aquí estoy, empezando 2024, boqueando en la arena, pero poniéndome de nuevo en pié.
La terrible enfermedad y fallecimiento de mi padre, me ha dejado un poso que todavía no he digerido. Escribí hace unos meses, parafraseando a Joan Didion, que “el duelo es una borrachera indeterminada, un submarino varado en el fondo de océano, sacudido por recuerdos como cargas de profundidad, unos dolorosamente cerca, otros más lejanos”.
Pero hay un pensamiento que va emergiendo, y es cómo mi padre me dijo a las pocas semanas de dejarnos: “es que me queda todo por hacer, Miguel”. Y si le quedaba todo por hacer a él, que había tocado todos los palos como buen hombre del renacimiento, yo no tengo ni por donde empezar.
Y una vez que asumes eso, te viene una sensación de calma, para no desesperar en la carrera desenfrenada del f*** you money, y para enfocarme en dejar una impronta a mi alrededor. Aunque sea muy personal, y pequeña.
Este año me deparó más retos, como una rotura de peroné exenta de todo glamour, y que me llevó a explicar de mil maneras distintas la posible causa de mis males. Y después, nos asaltó una enfermedad larga y complicada de mi hija pequeña, en la que ya vemos luz al final del túnel, y que me deja cómo aprendizaje que un padre solo puede ser tan feliz como el más infeliz de sus hijos y que pone todo en perspectiva. La salud como el vector más importante de todos, y la importancia de dedicarte a los tuyos cuando más te necesitan.
Ha sido por tanto, un año de ausencias, de cancelaciones y de adaptarse a las inclemencias del destino. Pero también de descubrir que la casita de piedra que habíamos construido pacientemente estos años, ha podido aguantar que sople el viento, aunque nos duela.
Y que incluso entre las tortas, la vida sigue, resiliente, con subidas y bajadas. Y este año también hemos conseguido cerrar el fundraising del fondo mas grande de España, en el momento más difícil. O hemos creado un equipo estupendo y hecho crecer la gestora a casi el doble en cualquier métrica. He podido trabajar con emprendedores y emprendedoras apasionados y que son grandes tipos/tipas. E incluso he dedicado tiempo a escribir un poco y ganar mi primer premio de poesía. Hemos viajado en una caravana de 7 metros por Wisconsin y acumulado experiencias memorables, en muchos lugares. O incluso hemos podido nadar con delfines cuando más arreciaba la tormenta.
Este año también charlé un rato sobre carreras improbables con Joan Tubau en su podcast de capital y surgió uno de mis objetivos clave, llegar a ser el mejor amigo de muchos. Desde la muerte de mi mejor amigo, Pablo, cuando teníamos 28 años, me queda esa sensación de que él había conseguido que varios estuviéramos convencidos de que era nuestro mejor amigo. Y eso es muy bonito.
Creo que a estas alturas, mi principal refugio espiritual reside en cómo experimento la amistad y la forma en que me proporciona un camino para evolucionar como persona. La gente con la que nos encontramos y que nos acompaña, da sentido a nuestra vida Y la amistad es fundamentalmente una serie de conversaciones, a veces con palabras y a veces con presencias o con experiencias compartidas.
Mi relación con otras personas y con el mundo que me rodea se liga con cuál es el significado de estar aquí y ahora. Y un año difícil me ha mostrado la fortaleza de los pilares de mis tribus y me ha permitido añadir nuevos compañeros de viaje a mis amigos de añares. Gracias a todos vosotros, sabéis quienes sois.
A 2024, no le pido mucho, quizá más foco y tiempo con los amigos. Esas reuniones que, como dice Marc Andreesen, no escalan, pero que son únicas.

Y después de más de 2 años siendo full-time venture capitalist toca quitarse de encima el síndrome del impostor, y enfocarse en aquellas actividades que me lleven a «master the craft».
Me planteo 2024 con un optimismo prudente. La economía y la vida son cíclicas y se vislumbran signos de mejora en el horizonte. Sin embargo, no va a ser un camino fácil.
Espero seguir compartiendo con vosotros perspectivas y experiencias que puedan resultaros cercanas, os ofrezcan ideas que puedan acompañaros en vuestros propios viajes.
P.S.- Y tengo dos proyectos en la recámara, que me hacen mucha ilusión. Lo personal y lo profesional, en mi caso, se mezcla sin solución de continuidad y a mí me gusta así. Espero poder contaros mas en Q1.
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